ATRIBUTOS PARA LA VIRGEN DE LOS DOLORES Y LAS SANTAS MARÍAS (CUENCA)

Durante la realización de la propuesta de reforma integral del paso de misterio de Nuestra Señora de los Dolores y las Santas Marías (que se puede ver aquí), un grupo de hermanos de esta joven corporación pasionista conquense, entre ellos varios miembros de la Junta de Gobierno, me plantearon la idea de realizar un juego de atributos para las tres imágenes que figuran en el paso actualmente: Nuestra Señora de los Dolores, Sata María Magdalena y Santa María Salomé. Como no podría ser de otra forma, para mí fue todo un honor recibir el encargo del diseño de estas piezas, los primeros atributos con los que contaría la Hermandad, más aún si se tiene en cuenta la voluntad de los comitentes de que éstas fueran piezas de salida, por lo que acepté encantado la propuesta y, rápidamente, me puse a trabajar en el proyecto. Antes de nada, era necesario definir qué tipo de atributos serían los que se diseñarían pues, aunque la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de los Dolores había desfilado y permanecido en su altar con una aureola, siguiendo la línea estética de una de las dolorosas conquenses más veneradas, Nuestra Señora de la Soledad (de San Agustín); al tratarse de la primera presea en el ajuar de la dolorosa del Sábado Santo, cabía la posibilidad de modificar este estilo. No obstante, tras sopesar las diferentes opciones que tenían, los promotores del proyecto decidieron mantenerse dentro de ese estilo tan propio y reconocible dentro de la ciudad de Cuenca. En el caso de las Santas Mujeres, se optó por dos nimbos o galletas.

Así pues, para la Santísima Virgen proyecté una aureola de tamaño algo mayor de la que luce actualmente y de estilo clásico, que pretende huir de recursos excesivamente artificioso para ser austera, elegante y de líneas sobrias; y cuyo repertorio decorativo remite a la orfebrería de finales del siglo XVI e inicios del XVII y, muy especialmente, a las coronas, relicarios y joyas de la Emperatriz María de Austria (1528-1603) que hoy se conservan en el Monasterio de las Descalzas Reales, de Madrid, donde esta gran dama de la realeza hispana y europea residió durante 21 años y donde se celebraron sus exequias, para las que el célebre compositor Tomás Luis de Victoria (1548-1611) creó una de sus mejores y más famosas obras: el Oficio de Difuntos.

La aureola se estructura en torno a una trama de ferronerie que recorre toda la pieza, por cuanto funciona como el alma de la misma. Esta estructura se configura mediante la repetición de dos motivos que se suceden a lo largo de la trama, alternándose para darle ritmo a la composición: un motivo mixtilíneo y cóncavo que acoge en su interior una hoja de acanto extendida y parcialmente vuelta sobre sí misma; y una tarja que alberga un medallón ovalado y calado, del que brota una flor de cuatro pétalos, que son cuatro pequeñas hojas de acanto. No hay separación entre estos dos motivos, sino que, como digo, se van alternando, siempre conectados entre sí e imbricados por secciones ovales de la ferronerie, en cuyo centro se abren unos estrechos huecos circulares, por los que penetra la decoración vegetal. En cuanto a ésta, también se articula mediante el recurso compositivo de la repetición de un mismo elemento, en este caso una trama vegetal simétrica que, partiendo de los motivos mixtilíneos, discurre por debajo de ellos, hacia el interior de la aureola, y los flanquea, de modo que, al hacerlo, enmarca también las tarjas y atraviesa los óculos antes descritos, para tenderse hacia la ráfaga en forma de palmetas de acanto.

Esta composición desemboca, en su parte central y superior, una cartela más amplia, dentro de la cual hallamos un medallón calado, sobre el que campea el corazón llameante atravesado por siete puñales, símbolo por antonomasia de la advocación de la Sagrada Titular, Nuestra Señora de los Dolores que es, también, el motivo principal del escudo de esta Hermandad conquense. Por encima de la cartela se yergue una cruz de corte clásico, con resplandores, rematada por perillas y en cuyo centro se abre una flor de acantos con una turmalina engastada en su centro. Hacia el exterior de la aureola se extiende la ráfaga, compuesta por doce conjuntos triangulares formados por tres haces de rayos biselados cada uno, entre los que se tienden cuatro rayos flamígeros, lo que le otorga a esta corona un perfil sinuoso, muy dinámico, que refuerza el efecto de resplandor. Nótese que la presea no tiene estrellas, pero que tanto en las flores de las tarjas como en os acantos acogidos en la ferronerie hay engastadas piedras preciosas, idealmente topacios y rubíes; y que éstas son exactamente doce, como los conjuntos de rayos, lo que remite, precisamente, a las doce estrellas de la clásica iconografía apocalíptica.

En cuanto a las imágenes de las Santas Mujeres, María Magdalena y María Salomé, se han proyectado unos nimbos o galletas que concuerdan en estilo con la aureola de la Santísima Virgen, para conformar un conjunto estéticamente homogéneo. Estos nimbos presentan un medallón interior, en el que se dibuja una decoración mixta de entrelazados geométricos y motivos de hojas de acanto que recuerdan a los de la aureola; y una cenefa exterior, compuesta por cuatro cartelas con rubíes engastados y cuatro flores de acantos de cuatro pétalos con engastes de turmalinas. Entre las flores y las cartelas, sobre huecos calados, vemos hojas de acanto extendidas. Finalmente, cada nimbo lo remata una ráfaga muy similar a la de la aureola, compuesta por la alternancia de haces triangulares de rayos biselados, separados por unos sinuosos rayos flamígeros. Los comitentes valoran la posibilidad de que el nimbo de Santa María Salomé sea más sencillo que el de la Magdalena, careciendo de algunos elementos decorativos, pero siendo, en todo lo demás, idéntico, para no desentonar en el conjunto.

El proyecto fue presentado por el grupo de hermanos promotores a la Junta de Gobierno de la Hermandad y muy bien recibido por ésta. Fue presentado oficialmente y difundido por la propia corporación durante la pasada Semana Santa y está en ejecución, por lo que se prevé su estreno, al menos en el caso de la aureola, para la Semana Santa de 2022.