SENATUS PARA LA HERMANDAD DEL SILENCIO DE MADRID

Una vez concluida la ejecución de la Saya de las Cornucopias para María Santísima de los Desamparados, la primera bordada del ajuar de esta dolorosa, de la que ya hablé en una entrada anterior, el taller de bordados propio de mi queridísima Hermandad del Silencio de Madrid optó por centrarse de nuevo en un proyecto que viniera a enriquecer el cortejo de la cofradía, acometiendo la hechura de una nueva insignia para el mismo. En este caso, se trata de una pieza muy popular dentro del ámbito cofrade, pero que esta corporación matritense nunca había tenido, como es el senatus, ese estandarte que ideara el gran Juan Manuel Rodríguez Ojeda para incluir en los cortejos de Cristo, y que rememora que los hechos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo tuvieron lugar bajo la dominación romana de Judea.

El senatus sigue la misma línea estilística del estandarte corporativo o bacalao, que también tuve el honor de diseñar, manteniéndose así dentro del estilo clásico, elegante y moderadamente sobrio que busca la Hermandad para su puesta en la calle. Por tanto, la pieza bebe directamente de los bordados en oro del siglo XVI y primera mitad del XVII, época unánimemente considerada como la Edad de Oro del bordado a realce o bordado español; y, especialmente, de las fantásticas realizaciones de los talleres que trabajaban en el entorno de la Corte de los Austrias, especialmente los de la Catedral de Toledo y el Monasterio de El Escorial. De hecho, el diseño se inspira claramente en el capillo de la capa pluvial del Terno de los Apóstoles, magnífica obra realizada muy probablemente por un obrador toledano en la segunda mitad del siglo XVI, que formó parte del ajuar de la desaparecida iglesia de Santa María la Mayor de la Almudena y actualmente se conserva y exhibe en la Catedral de La Almudena. Estamos, por tanto, ante una pieza de bordado de inspiración indiscutiblemente madrileña, que bien podría definirse como castiza, por cuantorememora y recupera algunas de las páginas más brillantes de la historia de la Villa y Corte.

Así, el senatus presenta dos zonas o áreas bien diferenciadas. En el centro, un espacio interior despejado que funciona a modo de cartela y en el que tan sólo figura la inscripción SPQR, resuelta directamente sobre el terciopelo morado del fondo con letras capitales que recuerdan a las de algunos manuscritos renacentistas. Esta zona está delimitada por una orla o marco mixtilíneo compuesto mediante la combinación de ferroneries y hojas de acanto, que remite directamente a un elemento similar del capillo del Terno de los Apóstoles de la Almudena, antes mencionado. Desde esta orla o límite parte la decoración vegetal, formada por zarcillos o tallos muy finos y diversas clases de hojas de acanto y motivos vegetales muy clásicos. Esta ocupa toda el área exterior de la pieza, que funciona a modo de marco para la cartela central. En realidad, la decoración vegetal la forman cuatro motivos que son simétricos dos a dos, y que se entrelazan e imbrican entre sí y, a su vez, hacen lo propio con las ferroneries de la orla interior, creando un diseño muy homogéneo y de marcada continuidad. El toque quizás menos histórico y más moderno del senatus lo encontramos en su borde externo, que no es recto, como sin duda hubiera sido si estuviéramos ante una pieza renacentista auténtica, sino que es quebrado, por cuanto sigue las líneas de la sinuosa decoración vegetal. Con ello se consigue dotar de movimiento y cierto dinamismo a una pieza que, de otra manera, resultaría quizás excesivamente plana y severa. El senatus no exhibe ningún fleco, sino que se remata en su borde inferior con cinco borlones catedralicios o de tocón, también muy clásicos, que recuerdan a las borlas de las dalmáticas y otros ornamentos litúrgicos renacentistas y barrocos. Como el resto de piezas bordadas de la Hermandad, el nuevo senatus ya está siendo ejecutado por el taller de bordado propio de la corporación, en una variedad de la técnica de recorte o aplicación que intenta acercarse al acabado del bordado a realce, siguiendo procedimientos propios de la aplicación que se realizaba en la época en la que se basa el diseño, y otras técnicas nuevas que inciden en esa misma línea.