Túnica y Mantolín para el San Juan de la Hermandad de la Amargura de Cuenca (II)

mantolin_sanjuan_2

Este diseño pertenece al encargo para realizar un nuevo mantolín a la Sagrada Imagen de San Juan Evangelista, de la Real, Ilustre y Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Amargura con San Juan Apóstol de Cuenca; encargo que recibí en el año 2015, y cuyos pormenores se explican en la primera de las dos entradas dedicadas al mismo (concretamente, aquí). En este caso vemos el segundo de los dos diseños que presenté, que fue el que menos agradó a la donante particular que pretendía sufragar la ejecución del mantolín y, por lo tanto, fue descartado.

En la entrada previa ya comenté que esta Hermandad no tiene una personalidad estética muy marcada, y que la voluntad de la comitente era, precisamente, promover una cierta renovación en el estilo del paso procesional. De esta forma, y habiendo descartado basarme en el estilo de la bordadora conquense Encarnación Román, imitado hasta la saciedad en las obras textiles de la Semana Santa de Cuenca, si en el primero de estos dos diseños quise buscar como referente el bordado francés del siglo XVIII (con el fin de reflejar la vinculación de esta corporación con la Casa Real), en este caso opté por usar un estilo sumamente utilizado en el mundo cofrade en general, pero bastante minoritario dentro del panorama del bordado conquense, como es el estilo conocido como juanmanuelino, es decir, el que surge de la obra del grandísimo diseñador y bordador sevillano Juan Manuel Rodríguez Ojeda, considerado por muchos, y no sin razón, como el gran ideólogo de la estética cofrade actual. No obstante, basta con adentrarse mínimamente en la vida y obra de este maestro de maestros para darse cuenta de que su creación no fue, ni mucho menos, homogénea, sino que pasó por diferentes etapas creativas. El presente diseño entronca con la segunda de las tres etapas en las que se suele dividir la trayectoria de este autor, con la que alcanzó su plena madurez creativa, y que se caracterizaba por la combinación de elementos procedentes del bordado del siglo XIX, con otros surgidos del estudio y redescubrimiento del bordado del Barroco.

El mantolín presenta un diseño simétrico, con el eje situado en el lado corto de la pieza, y ocupado por una línea de bordados que funciona como separador de las dos mitades de la composición, en la que aparecen tanto formas que podríamos definir como arquitectónicas o, al menos, no vegetales, (nudetes, bastones y bolas); como  brotes y hojas de acanto y de otras variedades. A ambos lados de esta línea se repite, reflejado, el mismo dibujo a base de tallos finos que nacen de una sola rama y van brotando y enroscándose hasta crear un dibujo sinuoso y marcadamente curvo. Los tallos están salpicados por hojas de acanto y, en ciertas ocasiones, abrazados por nudetes y anillas, y terminan también en grandes en hojas de acanto, en este caso desplegadas, o en motivos vegetales de distinto tipo. Los espacios vacíos se cubren mediante caracolillos o grupos de pequeñas bolas. Todos ellos elementos que recuerdan en su trazado a esa etapa intermedia de la obra de Juan Manuel. Como ocurría con el otro mantolín, la composición se ha realizado de esta forma, es decir, con un eje de simetría en el lado corto de la pieza, con el fin de que la prenda pueda ser dispuesta en la Sagrada Imagen tanto de la manera habitual (a modo de toga que rodea el cuerpo bajando por un costado y subiendo por el hombro opuesto) como echado sobre la espalda, como si fuera un manto o una capa.

En ese caso, el eje central ocupa la espalda de la imagen. En este caso también realicé una túnica a juego, que se puede apreciar en esta misma entrada, y que reproduce el lenguaje estético de Juan Manuel, del que hay notables ejemplos en este tipo de piezas. Por ello decidí introducir algunos elementos sumamente típicos de este gran creador, que utilizó en muchas de sus obras, como la cenefa inferior, compuesta por “eses” entrelazadas.

tunica_sanjuan_2

Anuncios

Los comentarios están cerrados.